Relación de la literatura con el periodismo
Relación de la literatura con el periodismo
El periodismo puede ser encuadrado dentro
de los aspectos básicos de la comunicación, pero también, desde un enfoque
sistémico, se lo puede estudiar para establecer un acercamiento entre
periodismo y literatura.
El periodista utiliza el término literatura
como sinónimo de bibliografía. También, por regla general, establece que podría
encuadrarse dentro de un aspecto mucho más amplio: la opinión, contraponiéndolo
al concepto de objetividad.
Pero lejos
de esta sutil interpretación, lo literario tiene bases mucho más profundas y
significativas:
1) Desde un
aspecto comunicacional, es posible hallar una ubicación del periodismo con
relación a la literatura.
2) Mediante
un análisis exhaustivo de los géneros, un orden donde se ubica el periodismo
literario y la literatura periodística en torno a la noticia y la información,
como modos de enunciación y discurso.
3) La
historia, por su parte, refleja la discusión de los escritores ante la Real
Academia Española, con el surgimiento del periodismo vinculado con la
literatura.
4) Otro
aspecto a considerar es la existencia de un periodista escritor y un escritor
periodista.
5) En el
estudio lingüístico, diversos autores establecen factores comunes entre
literatura y periodismo, con un esquema de la problemática.
6) Otro
aspecto sería interpretar la ambigüedad de géneros, principalmente, en el
reportaje novelado.
7) Como
último punto, se ofrece un punto de vista interesante en cuanto a la búsqueda
de una verdad, tanto en el periodismo como en la literatura.
Aspecto comunicacional
Si se quiere
diseñar un símbolo que represente la ubicación del periodismo entre la
literatura y la comunicación, se elegiría a un árbol: las raíces, la
comunicación (oral y escrita), el tronco, la literatura; y las ramas, el
periodismo. Esta idea surge de las palabras de José Acosta Montoro, quien
afirma que el periodismo y la literatura son como la rama y
el tronco, que no pueden vivir por separado (Acosta Montoro, 1973:51). Tanto
la literatura como el periodismo se alimentan a su vez de la
comunicación, ya que desde este punto de vista, toda creación (periodística o
literaria) puede ser considerada como una palabra global, que el lector llena
de sentido, según su conocimiento de la lengua y su experiencia personal.
Desde sus
orígenes, la literatura siempre alimentó al periodismo, puesto que las noticias
constituían un pequeño centro de la información que ofrecían los periódicos.
Se pueden
separar ambos lenguajes, en donde no es fácil encuadrar satisfactoriamente a la
literatura o lo que se entiende por ella, o bien, al periodismo propiamente
dicho. Aunque parezcan disímiles, tienen muchos puntos en común.
Acerca del periodismo
Si bien se
puede incluir al periodismo dentro de los cánones básicos de la comunicación,
entendido únicamente como el acto de comunicar información,
sería minimizar su función, trascendencia e importancia.
Por
periodismo se entiende la función social de recopilar, procesar y difundir por
cualquier medio de comunicación (mass media) una noticia de interés público,
con la finalidad de informar y formar, así como también la de persuadir y
entretener. El mensaje periodístico, aparte de ser un hecho comunicable en el
más amplio sentido, cumple con la función formativa por los juicios de valor
que se emiten. Otra finalidad es la recreación, abarcando diversos géneros:
humorismo, costumbres, viajes, ensayos, etcétera. Así, pues,
el periodismo incluye comunicación por esencia, información por necesidad;
formación por deseo de orientar; entretenimiento por naturaleza; y todo
ello dentro de una área envolvente que incluye estilo, técnica y representación
adecuada (Acosta Montoro, 1973:54).
Los matices
presentados demuestran que el periodismo ha surgido como una necesidad
comunicacional, y su trascendencia, hoy día, hace que no se pueda concebir una
historia futura sin periodismo.
El
periodismo es la historia del presente y la literatura es el periodismo del
pasado. Es lógico que, dentro del campo de la comunicación histórica, antes de
investigar lo que hicieron los antepasados, interesen al hombre saber lo que
hacen sus contemporáneos. El tiempo convierte en historia lo que en otrora fue
periodismo (Acosta Montoro, 1973:73).
Acerca de la literatura
En
literatura, por regla general, se descuenta lo obvio: un poema, un cuento, una
novela o una pieza teatral escrita; pero, ¿qué clasificación tendría un ensayo,
una columna o un chimento de la farándula?
En las
tradicionales definiciones de literatura: compromiso,
(Sartre, 1962) búsqueda de la subjetividad, (Eliot, 1959) de la
imitación de la realidad-mimesis, (Aristóteles, 1982) se sumaría la propuesta
de Graciela Montes: un acercamiento entre la realidad y la fantasía. La
literatura es una búsqueda nueva, ni un sueñismo de fantasía divagante, ni el
realismo mentiroso. Más bien exploración de la palabra, que es exploración
del mundo y que incluye en un solo abrazo lo que suele llamarse realidad y lo
que suele llamarse fantasía, ya que no sólo el mundo del escritor estará lleno
de sutilezas y belleza, sino que mediante la exploración de la
palabra puede fomentar en los lectores nuevas búsquedas internas (Montes,
1990:25).
La magnitud
del trabajo artístico del escritor estará dado por la sola circunstancia de
recrear la fantasía dentro de lo literario para que el lector pueda disfrutar
de un goce estético, renovado en cada lectura.
Periodismo y literatura
Tanto el
periodismo como la literatura comparten aspectos en común. Se ha rescatado a la
fantasía como elemento principal de la literatura, comprobando de esta manera
lo expresado por Martín Vivaldi: El literato, el
artista creador, puede deformar la realidad exagerándola (en toda creación
hay hipérbole). El lector puede pasar de la realidad a la
fantasía, yéndose más allá o quedándose más acá del mundo circundante... En
cuanto a la creación periodística se establece como regla general, que lo que
mueve a la sociedad de hoy es la necesidad de transmitir un conocimiento
integral, formativo, y a veces de entretenimiento. El periodismo, aún el más
profundo y revelador, tiene que someterse a la realidad con la mayor honradez y
objetividad. La literatura, la creación literaria, es un
lujo, el periodismo es una necesidad (Martín Vivaldi,
1986:249).
En gran
medida, sería impreciso hablar de que el periodismo pueda aparecer como el
hermano menor de la literatura, porque el periodismo es también literatura.
Este nuevo género nacido de las crónicas, reportajes, artículos, entrevistas,
semblanzas, etcétera, tiene matices especiales: todo escrito puede estar
presentado con calidad y si es posible con belleza, ya que el
periodista escritor o el escritor periodista, presta dignidad literaria a
cuanto informe toca con su pluma (Martín Vivaldi, 1986:248).
En casi
todos los casos, la literatura puede acercarse al periodismo o alejarse en un
doble movimiento para marcar distancias o aprovechar coincidencias. La función
de la literatura es distinta a la del periodismo, pero el lector puede ser el
mismo, incluso el autor. Cabe afirmar, que tanto el periodismo y la literatura
se presentan como aliados inseparables.
Periodismo literario y literatura periodística
Por el
momento, se ha incursionado en cada género por separado, pero se pueden
fusionar tal como aparecen en la realidad.
Se habla de
un periodismo literario, cuando el género predominante es el periodístico
secundado por la literatura, o bien, si se toma a la inversa, lo literario
predomina ante lo periodístico. Un cuento o un poema puede ser publicado en un
diario; un artículo o una crónica puede tener su lugar en un libro. En esta
materia no existen reglas fijas, lo mismo que para la fusión entre ambos
géneros.
Para
analizar esquemáticamente una clasificación de géneros periodísticos, Amando de
Miguel (1982) presenta como propuesta la integración entre periodismo y
literatura. El periodismo informativo puede abarcar la noticia, su análisis e
investigación; el periodismo literario puede ser clasificado como un género
ambiguo, ya que puede presentarse a la información en primera persona
(reportaje, entrevista, crónica) o muchas formas de opinión como ser:
editorial, columna, colaboraciones espontáneas y la crítica, según sea el caso.
En cuanto a la literatura periodística, el propósito principal es deleitar,
entretener, y por qué no persuadir y divulgar el conocimiento científico, y la
creación literaria. Corresponden en este caso, las formas de ensayo, humor,
costumbrismo, narrativa, tiras cómicas, etcétera.
Una discusión histórica
En el siglo
XIV, ante la Real Academia Española, los folletinistas formularon una polémica
en torno al rol del periodista y su vinculación con la literatura.
En 1845,
Joaquín Rodríguez Pacheco lleva su discurso ante la Real Academia Española,
defendiendo los derechos literarios del nuevo género: el periodismo.
Cincuenta
años después, Eugenio Sellés leía su discurso de ingreso a la Academia y se
refería al periodismo como un género literario comparándolo con la historia, la
novela, la crítica y la dramática. Decía: Es género
literario la oratoria que prende los espíritus con la palabra y remueve los
pueblos con la voz; es género literario la poesía, que aloja la lengua de los
ángeles en la boca de los hombres; es género literario la historia,
enemiga triunfante de la destrucción y del tiempo, porque hace volver lo que
pasó y resucita el alma de las edades muertas; es género literario la novela,
que narra lo que nadie ha visto, de suerte que a todos nos parece verlo; es
género literario la crítica, que pesa y mide la belleza, y tasa el valor y
contrasta la verdad y las mentiras artísticas; es género literario la
dramática, que crea de la nada hombres mejores que los vivos y hechos más
verosímiles que los reales; no ha de serlo el periodismo, que lo es todo en una
pieza: arenga escrita, historia que va haciéndose, efemérides instantáneas,
crítica de lo actual y, por turno pacífico, poesía idílica cuando se escribe en
la abastada mesa del poder y novela espantable cuando se escribe en la mesa
vacía de la oposición (Acosta Montoro, 1973:82).
Tres años
después, Juan Valera no veía tan claro el planteo. Afirmaba: Ser
periodista es, si duda, profesión u oficio, como ser ingeniero, abogado o médico. Es
evidente, asimismo, que el periodista debe ser literato, un literato de cierta
y determinada clase. Pero se infiere aquí, que haya un género de literatura,
distinto de los otros, que pueda y deba ser llamado género periodístico? Sobre
esto es lo que no estoy muy seguro, aunque si me inclino a algo es a negar que
haya tal género. Lo que distingue al periodista de cualquier otro escritor,
poco o nada tiene que ver con la literatura (Acosta Montoro,
1973:83).
En 1898,
Isidoro Fernández Flores (Fernanflor), contestando al discurso de recepción en
la Academia, argumentaba: Se llama periodista al literato que
escribe con frecuencia o casi a diario en un pliego o grande hoja volante, que
se estampa periódicamente y se difunde entre el público, a veces por centenares
de miles de ejemplares. Cuando se logra que estos centenares de miles de
ejemplares sean comprados y leídos, el periodista que dispone de ellos y
escribe, dicta o inspira su contenido, no puede negarse que posee un
instrumento poderosísimo para influir en la opinión, para modificarla. El libro
es un medio de publicidad y el periódico es otro. De ambos medios se vale o
puede valerse el escritor, pero hay, en realidad, diferencia literaria entre
ambos medios.
Genial
precursor de esta polémica fue Mariano José de Larra, quien en su conocido
artículo: Ya soy redactor, escribiera: El hecho es que me
acosté una noche autor de folletos y de comedias ajenas y amanecí periodista;
míreme de alto a bajo, sorteando un espejo que a la sazón tenía, no tan grande como
mi persona, que es hacer elogio de su pequeñez, y vine a escudriñar
detenidamente si alguna alteración notable se habría verificado en mí físico;
pero por fortuna eché de ver que como no fuese en la parte moral lo que es en
la exterior y palpable tan persona es un periodista como el autor de folletos (Acosta
Montoro, 1973:88).
En
definitiva, la Academia se pronunció ante la polémica cuando permitió el
ingreso del periodista Mariano de Cavia.
El escritor periodista y el periodista escritor
La imagen
del periodista se lo confunde con la del escritor; ambas pueden tener puntos
encontrados, ya que participan de un mismo medio. También, al periodista se lo
confunde con el articulista, el ensayista, el reportero, el cronista y, en
muchos casos, estos términos son utilizados como sinónimos.
Pero, ¿qué es ser periodista?
Gonzalo
Martín Vivaldi, por su parte, define al periodista como un escritor que
habitualmente escribe en un periódico, diario, seminario o revista. Para ser
periodista, desde un punto de vista psicológico o caracterológico, se necesitan
especiales condiciones, entre las que se destacan la vocación y una sólida
preparación cultural básica, con especialización posterior en cualquiera de las
actividades fundamentales del periodismo moderno. Según Verpraet, el periodista
debe poseer un triple sentido: sentido del tiempo, de la actualidad y del
público. Y según la fórmula clásica de Rivarol, todo el oficio del periodista
se resume en la siguiente afirmación: ver y saber, hacer ver y saber hacer.
Para Ortego Costales ser periodista no es escribir en los periódicos. Aquí
-escribe- como en el manicomio, no son todos los que están ni están todos los
que son. Y afirma: Son periodistas los que traban directa y racionalmente la
noticia, quienes la buscan, escriben, seleccionan o titulan, pero no quienes se
reducen a una simple manipulación de la misma: el taquígrafo que la recibe por
teléfono, el que la envía y/o repite por teletipo, el linotipista que la
compone, el corrector de pruebas (Martín Vivaldi, 1986:87).
En primer
término se puede afirmar, que el periodista es ante todo un escritor. Este
aspecto se ha visto en el análisis presentado por los articulistas ante la Real
Academia Española, en donde se señalaba fundamentalmente la visión futura del
periodista, no siendo ajena su tarea a la de cualquier escritor.
Es difícil o
casi imposible encerrar en una definición la misión del periodista o por la que
se entiende como tal. Al exponer los distintos puntos de vista se puede
presumir que, más allá de los mitos y prejuicios, el periodista es
esencialmente un profesional que investiga y divulga acontecimientos de
trascendencia social y de actualidad ante los medios de comunicación.
A diferencia
con el escritor (literato), al periodista le urge el tiempo, ya que la noticia
hoy, debe ser publicada, porque mañana perderá su vigencia y será simplemente
una información. En cambio, el escritor puede disponer de todo su tiempo para
escribir una obra.
El creador
literario goza de absoluta libertad y hasta puede permitirse el lujo de
escribir para él mismo, para su propia y única satisfacción. El periodista
trabaja contra reloj para que el mensaje interese a todos, llegue a todos y sea
lo más útil, fácil, directo y comprensible para todos, como aplicación práctica
de unas técnicas profesionales separadoras de la prehistoria de su oficio
(Aguilera, 1992:25).
José Luis
Martínez Albertos, por su parte, hace una clara diferenciación entre un
escritor y un periodista, expresando:
Siempre debe
existir una relación, porque escritores y periodistas comparten un mismo
instrumento de trabajo, que es el lenguaje, aunque sea con las profundas
diferencias y los distintos objetivos que hemos visto en líneas generales.
Dentro de
los complementos del periodismo (estilo ameno); cabrían siempre los escritores.
Muchos
escritores tendrán que hacer sus primeras armas en los medios de comunicación
social, en el periodismo, como una escuela de estilo y de los gustos de hoy,
sobre todo, en el terreno lingüístico. Según Alberto Moravia todo
escritor contemporáneo debe pasar por el periodismo (Citado por Aguilera,
1992: 20).
Amando de
Miguel, por su parte, refleja en la postura psicológica que tiene un escritor,
en el siguiente enunciado: La primera condición para escribir bien es leer
bien. Los que mejores han escrito eran ante todo omnívoros lectores. Hay algo
de caníbal en el oficio de escribir. Si no se deglute letra impresa no se
vomita letra impresa. Claro que el proceso digestivo produce también
excrementos (De Miguel, 1982:39). Por ello, para hablar del
escritor será necesario referirse en términos de lector.
Carácter lingüístico
Desde el
punto de vista lingüístico, el periodismo se interrelaciona con la literatura.
La historia de ambos se encuentran plagadas de ejemplos. Periodistas que
dejaron o alteraron su oficio por el de literatos y novelistas.
Hay
periodistas que utilizan a la literatura para revivir y transformar en arte los
hechos que testifican la realidad. Por otro lado, se busca un sentido a la
realidad y un acercamiento hacia la literatura. Por ello, algunos novelistas
incursionan en el campo de la información para orientar con sus ideas y
observaciones acerca de los sucesos de actualidad. Ernest Hemingway es un claro
ejemplo, porque siempre reconoció que la técnica periodística le puede ayudar a
un literato joven a mejorar su estilo.
Gabriel García Márquez, en su obra
Crónica de una muerte anunciada, trata de ser objetivo en lo literario, porque
está relatada como una novela que parodia un suceso real. Gabriel García
Márquez comenta que la historia de esta ficción parte de un hecho real. Cuando
ocurrieron los hechos, en 1951, no me interesaron como material de novela
sino como reportaje. Pero aquel era un género poco desarrollado en Colombia en
una época, y yo era un periodista de provincia en un periódico local, que tal
vez no le hubiera interesado el asunto. Empecé a pensar el caso en términos
literarios varios años después, pero siempre tuve en cuenta la contrariedad que
le causaba a mi madre la sola idea de ver a tanta gente amiga, e inclusive a
algunos parientes, metidos en un libro escrito por un hijo suyo. Sin embargo,
la verdad de fondo es que el tema no me arrastró de veras sino cuando descubrí,
después de pensarlo muchos años, lo que me pareció el elemento esencial, que
los dos homicidas no querían cometer el crimen y habían hecho todo lo posible
para que alguien se lo impidiera y no lo consiguieron. Es eso, en última
instancia, lo único real en América Latina. Una causa posterior de la demora
fue de carácter estructural. En realidad, la historia termina casi veinticinco
años después del crimen, cuando el esposo regresa con la esposa repudiada, pero
para mí fue siempre evidente que el final del libro tenía que ser la
descripción minuciosa del crimen. La solución fue introducir un narrador, que
por primera vez soy yo mismo, que tuviera en condiciones de pasearse a su gusto
al derecho y al revés en el tiempo estructural de la novela.
Bibliografía
Acosta Monto
José (1973), Periodismo y literatura, Guaderrama, Madrid, T. 1.
Aguilera
Octavio (1992), La literatura en el periodismo y otros estudios en torno a la
libertad y el mensaje informativo, Madrid, Paraninfo.
Atorresi Ana
(1996), Los géneros periodísticos (Antología), Buenos Aires, Colihue, 1ª Reimp.
Bond Fazer
(1969), Introducción al periodismo, Buenos Aires, Agora.
FUENTE: http://www.abc.com.py/articulos/relacion-de-la-literatura-con-el-periodismo-774243.html
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